PsicoloGuía

25/05/2010

NUESTRO DISCO DURO

Filed under: Memoria — Claudio Castilla @ 10:11 pm
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En las películas lo hemos visto a menudo, ya sea mediante argucias psicológicas o mediante tecnología futura capaz de explorar nuestro cerebro: parece que ser que todo lo que vivimos se graba en nuestra mente, aunque no seamos conscientes de ello.

Intuitivamente, también se nos antoja así: incluso cosas que hemos olvidado completamente, aparecen de nuevo perfectamente recordadas en cuanto alguien nos da alguna pista: basta tirar del hilo y la madeja se deshila.

Pero ¿hay alguna base científica que apoye esta idea?

La gente suele creer que los recuerdos son siempre una reproducción fidedigna de lo que sucedió en realidad. Incluso muchos aún piensan que son capaces de recordar su primer año de vida. Como si en nuestra cabeza hubiera una suerte de disco duro de memoria.

Pero los recuerdos cotidianos de nuestro cerebro no tienen la calidad “archivística” que caracteriza los medios técnicos. En el siglo XIX, EBBINGHAUS, el precursor de los estudios sobre la memoria, descubrió que los recuerdos almacenados, o lo que llamó pista mnémica, empiezan a deteriorarse y a perder exactitud transcurridos… escasos minutos.

Hoy en día, se ha demostrado que los recuerdos son más bien una reconstrucción del pasado. Una reconstrucción tendenciosa, como una obra de teatro o una enciclopedia manipulada por el poder político, en el que se incorporan toda clase de elementos nuevos: informaciones sobrevenidas después, estereotipos mediados por la cultura, la necesidad de contemplarse a uno mismo a la luz más favorecedora, etc.

Un experimento que ejemplifica hasta qué punto los recuerdos se manipulan y se desgastan fue el consistente en pedir a unos sujetos de una misma área cultural que rememorasen unas leyendas esquimales. Estos cuentos abundaban en detalles étnicamente específicos (por ejemplo, las canoas y la caza de la foca). Pues bien, al repetir el relato, los sujetos solían reemplazar esas “especialidades” por perífrasis conformes a su propio mundo de representaciones culturales, como “barcas” y “pescar”. La rememoración, pues, no es reproductiva, sino constructiva.

Hasta los recuerdos más significativos, como los que están teñidos de gran impacto emocional (un asesinato, un accidente, una infidelidad) no quedan indeleblemente grabados en el cerebro.

GENCIENCIA. Sergio Parra. Ampliar esta información.

TAREA. Según tú, ¿cómo crees que construimos o reconstruimos nuestros recuerdos?

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12/05/2010

MEMORIA FOTOGRÁFICA EN CHIMPANCÉS

Filed under: Memoria — Claudio Castilla @ 9:17 pm
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El experto en inteligencia animal, TETSURO MATSUZAWA (…) enseñó con éxito a una chimpancé llamada Ai los números arábigos que comprenden del 1 al 9. En poco tiempo esta hembra era capaz de presionarlos en el orden correcto mediante una pantalla táctil que los mostraba en diferentes posiciones de manera aleatoria, para evitar así que aprendieran la secuencia correcta por repetición. (…) Años después, siguió con cinco jóvenes chimpancés el mismo aprendizaje. Al cabo de un tiempo introdujo una variante para comprobar la memoria fotográfica. En esta ocasión, una secuencia de nueve números aparecía en la pantalla. Después de presionar el primero de ellos, el resto desaparecía detrás de unas máscaras, lo que obligaba a recordar su posición exacta para completar con éxito la tarea. Además, si se cometía un solo error, el juego cesaba y era necesario empezar de nuevo. (…)

Los resultados mostraban una capacidad asombrosa para recordar las secuencias aún cuando estaban ocultas. La destreza que adquirieron era tal, que lo hacían cada vez más rápido y de manera más precisa. Posteriormente se hicieron estas pruebas siguiendo el mismo procedimiento con niños y adultos universitarios. Los humanos no éramos capaces de recordar el orden correcto en la mayoría de la ocasiones. Las respuestas eran lentas y torpes comparadas con las de los chimpancés. (…)

La memoria fotográfica es la capacidad de recordar imágenes con un nivel de detalle casi idéntico al original. (…) Estos estudios demuestran que este tipo de memoria es superior en chimpancés en determinadas circunstancias.

La hipótesis ofrecida para explicar este descubrimiento consiste en que para los chimpancés pudo haber sido de vital importancia recordar con exactitud la localización de los árboles donde crecen sus frutas preferidas, además de la necesidad de conocer la información relacionada con los tiempos de maduración y floración, lo que implica aprender una gran cantidad de datos asociados a imágenes. Esta capacidad pudo haber sido favorecida por selección natural en entornos de este tipo. Otra explicación complementaria es que en el curso de la evolución, los humanos tuvimos que abandonar antiguas capacidades y dejar espacio en el cerebro para otras nuevas de mayor utilidad en la sabana.

(…) La competición absurda por descubrir quién es más inteligente tal y como la conocíamos hasta ahora puede estar llegando a su fin. La búsqueda incesante, en ocasiones ridícula, de aquello que nos hace únicos ha dado con un obstáculo difícil de explicar.

SOMOS PRIMATES. Pablo Herreros. Ampliar esta información.

19/02/2010

PERCEPCIÓN DEL TIEMPO

Filed under: Memoria,Percepción — Claudio Castilla @ 8:15 pm
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Percibimos colores, sonidos y sabores gracias a los sentidos de la vista, el oído y el gusto. Pero no poseemos un sentido específico que nos permita percibir el tiempo. Por tanto, parece que debemos estimar el tiempo a partir de la percepción de otras cosas. La idea más extendida es que no percibimos el tiempo en sí, sino cambios o sucesos que ocurren en un determinado tiempo. Sin hechos externos, estimar el tiempo se convierte en una tarea complicada. Que se lo pregunten si no a Jean Paul Mairetet.

1966. Sur de Francia. Una cueva a 70 metros de profundidad. Mairetet, de 24 años, pasa 6 meses, asumimos que voluntariamente, en tal entorno. Eso sí, la cueva es “espaciosa”, y Mairetet dispone de “cama, comida y luz eléctrica”. No se trata de una extravagancia francesa, sino de un estudio sobre ritmos circadianos y regulación fisiológica en condiciones de aislamiento. El investigador PAUL FRAISSE decidió que era una buena oportunidad para también indagar en cómo se percibe el tiempo en tales condiciones. Malamente, fue su conclusión. Por ejemplo, la duración media del tiempo pasado entre el despertar y la comida, Mairetet la estimó en 4 horas, 40 minutos cuando la duración media real fue 10 horas, 26 minutos.

FRAISSE atribuyó tales desajustes a la falta de sucesos cambiantes durante la estancia bajo tierra de Mairetet. Según FRAISSE (1984), la estimación del tiempo pasado sería proporcional al número de cambios percibidos. Cuando los cambios son muy frecuentes, hay muchas cosas a las que prestar atención, y por ello la duración se estima como más larga. Cuando los cambios son infrecuentes, como en el caso de Mairetet, hay poco que capte nuestra atención, y la duración se estima como más corta.

No creo que es arriesgado inferir que la sensación de que a medida que envejecemos el tiempo parece acelerarse es debida a la disminución de situaciones novedosas y cambiantes, más que al paso del tiempo en sí.

PSICOTECA. Leyre Castro, profesora de la Univ. de Iowa. Ampliar esta información I. Ampliar esta información II.

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