PsicoloGuía

10/05/2010

EL CEREBRO EN CIFRAS

Filed under: Neurología — Claudio Castilla @ 6:37 pm
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TAREA. Señala si son verdaderas o falsas estas afirmaciones sobre el sistema nervioso.

  1. Alberga entre 10.000 millones y 100.000 millones de neuronas (tantas como el número de estrellas de nuestra galaxia).
  2. Cada neurona establece entre 5.000 y 50.000 conexiones con sus células vecinas.
  3. La corteza cerebral extendida, cubriría entre 1.800 y 2.300 centímetros cuadrados.
  4. Un mensaje enviado por el cerebro a cualquier parte de nuestro organismo puede alcanzar una velocidad de 360 kilómetros por hora.
  5. El cerebro de las mujeres es más pequeño que el de los hombres… pero no es así si establecemos la comparación teniendo en cuenta el tamaño medio del cuerpo de hombres y mujeres.
  6. No usamos un 10 % del cerebro, lo usamos todo completamente, aunque no todo a la vez simultáneamente.
  7. El 20% de las necesidades de oxígeno y de calorías de nuestro cuerpo provienen del cerebro, pese al hecho de que el cerebro únicamente supone (de media) un 2% de la masa corporal.
  8. Un cerebro adulto consume en un día entre 250 y 300 calorías, lo que supone una potencia de cerca de 15 watios para un cerebro medio.
  9. Carl Sagan afirmó que el cerebro puede almacenar información equivalente a unos 20 millones de volúmenes, una cantidad equiparable al fondo bibliográfico de las mayores bibliotecas del mundo.
  10. Tenemos 150.000 kilómetros de nervios.
  11. El nervio más grande es la médula espinal, que tiene 45 centímetros y 3,8 centímetros de ancho.
  12. El nervio más largo es el tibial, que tiene una longitud de 50 centímetros.
  13. Hay unos 160.000 km de vasos sanguíneos en el cerebro. Eso equivale a más de cuatro vueltas alrededor de la Tierra.

GENCIENCIA. Sergio Parra. Ampliar esta información.

06/05/2010

EL EXPERIMENTO DE LA CÁRCEL DE STANFORD

Filed under: Grupos y Sociedad,Personalidad — Claudio Castilla @ 3:18 pm
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Extracto de la entrevista de EDUARD PUNSET a PHILIP ZIMBARDO, psicólogo de la Univ. de Stanford (EE.UU.).

ZIMBARDO. (…) En mi estudio busqué estudiantes que estuvieran en alguna universidad cerca de la Universidad de Stanford, en California. Pusimos un anuncio en el periódico diciendo que buscábamos estudiantes para dos semanas, y que cobrarían 15 dólares al día por participar en un estudio sobre la vida en la cárcel. Luego hicimos tests de personalidad y entrevistas y elegimos, de entre unas 75 personas, a los más normales. Lanzamos una moneda al aire: «él será recluso; él, carcelero» y todo el mundo sabía que era un experimento pero, para hacerlo más convincente, hicimos que la policía detuviera a los chavales que iban a ser reclusos, que fueran a su casa, a la universidad o donde fuera, uniformados, y les dijeran: «Fulanito, quedas detenido por robo a mano armada, acompáñame». Luego los esposaron, subieron al coche y encendieron la sirena… Incluso sabiendo que no habían hecho nada, se sentían culpables, ahí en el coche con todo el mundo mirándoles y preguntándose qué pasaba. Y luego los llevaron a comisaría y les tomaron huellas dactilares, les hicieron fotos… y los pusieron en una celda real. Lo que queríamos era que las autoridades se encargaran de privarlos de libertad. A continuación los policías les vendaron los ojos, y nosotros los subimos a un coche y los trasladamos a nuestra cárcel. Y, cuando les quitamos la venda, ahí estaban, desnudos y con todo el mundo burlándose de ellos. Les pusimos nuestro uniforme y empezó el experimento. Los guardias habían llegado el día antes, porque queríamos que sintieran que era SU cárcel. Les dimos bonitos uniformes, porras, silbatos, esposas… y también gafas de sol reflectantes para que nadie pudiera verles los ojos. Queríamos que los carceleros fueran anónimos y que todos tuvieran el mismo aspecto.

El primer día creíamos que no pasaba nada, porque los guardias… ¡eran buenas personas! Era 1971, ¡eran hippies! ¡Activistas de los derechos civiles! Cuando llegaron y les preguntamos si querían ser carceleros o reclusos, nos dijeron: «¡No quiero ser guardia! ¡No voy a la universidad para serlo!» Algunos incluso dijeron que los policías y guardias eran todos unos cerdos… ¿Sabes? ¡Era la época! Así que no eran malas personas ni querían ser carceleros; de hecho, al principio no había diferencia alguna entre guardias y reclusos. Además, se les asignaba el papel lanzando una moneda: todos lo sabían. Los presos no habían hecho nada malo, era un experimento. Sin embargo, al cabo de dos días, los guardias empezaron a decir que los reclusos eran peligrosos y que había que aplacarlos. Y es que, durante el segundo día, los presos se rebelaron y dijeron que no querían llevar números, ni gorrillos absurdos en la cabeza… y empezaron a insultar a los guardias, que me preguntaron: «¿y ahora qué vamos a hacer?» Yo les dije: «¡es vuestra cárcel! ¿Qué vais a hacer?»

PUNSET. Eso es lo que les dijiste…

ZIMBARDO. Sí. Les dije: «¡es vuestra cárcel!». En cada turno había nueve presos y tres guardias, y me dijeron que tenían que llamar a los guardias del resto de turnos… y, entonces, los guardias utilizaron la fuerza física para controlar a los presos, que, según ellos, eran reclusos peligrosos. Nada de estudiantes, nada de un experimento… Por su parte, los reclusos empezaron a pensar que estaban en una cárcel dirigida por un psicólogo y no por el Estado; en ese momento se convirtió en una cárcel real.

PUNSET. Y así fue cómo un experimento que tenía que durar dos meses…

ZIMBARDO. No, ¡tenía que durar dos semanas!

PUNSET. Pero duró cinco o seis días…

ZIMBARDO. Duró seis días solamente (…) Yo era el superintendente de la cárcel y dije que nada de violencia física, pero los guardias recurrieron a la violencia psicológica. Si un guardia contaba un chiste y te reías, te castigaba. Si lo contaba y no te reías, también te castigaba. Te sentías impotente, porque no sabías qué hacer. (…)

En nuestro estudio, cada turno de guardias era peor que el anterior. Pero lo peor era de noche, porque los guardias sabían que yo tenía que irme a dormir en algún momento (dormía en mi oficina, en el piso de arriba, en el Departamento de Psicología). Al día siguiente, mirábamos el vídeo y veíamos que habían hecho cosas terribles, y yo les decía que no se pasaran tanto, y me decían: «sí, señor», pero al día siguiente empeoraba todavía más. Los presos empezaron a tener crisis emocionales tras 36 horas. Cada día un recluso distinto se venía abajo y teníamos que llevárnoslo al médico… las crisis tenían una duración limitada porque cuando los sacábamos de la situación y les quitábamos el uniforme, volvían a la normalidad. Al final del estudio, dedicamos un día entero a hacer balance. Nos reunimos con los reclusos, y luego con los guardias y finalmente todos juntos. Les dije: «todos hemos hecho cosas malas, yo incluido», porque yo me había convertido en el superintendente de la cárcel, no en el psicólogo: había visto cosas terribles y las había permitido. (…)

PUNSET. Philip, ¿cómo relacionas todo esto con el antiguo debate sobre la naturaleza humana? Tenemos, por un lado, la idea budista de que el ser humano es bueno. Pero, por otro lado, está la idea occidental: somos agresivos y nuestra naturaleza es mala… ¿ha ayudado esto al debate?

ZIMBARDO. ¡Creo que es un debate artificial! Creo que las personas nacen con la capacidad de ser buenas o malas, afectuosas o indiferentes, creativas o destructivas… que la misma mente empuja a unos a convertirse en villanos y a otros en héroes. ¡Pero es la misma mente! (…)

PUNSET. Es fantástico, ¿no? Porque, veamos, tanto en el caso del héroe como en el del criminal, ¿quién es responsable? ¿La propia persona, o la institución, el sistema? ¿Qué opinas?

ZIMBARDO. Me parece un tema fascinante. En el Holocausto teníamos a los nazis que asesinaron a millones de judíos, gitanos, homosexuales… pero en todos los países del mundo (bueno, en los países en los que estuvieron los nazis) hubo personas que ayudaron a los judíos, que arriesgaron sus vidas. ¡Y eran personas corrientes! ¿Y cuál es la diferencia entre las personas que cometieron actos atroces y los que hicieron cosas buenas? ¿Podríamos intercambiarlos? No lo sabemos, es como un experimento humano… lo que intento entender es si, como sociedad, podemos crear maneras nuevas de educar a los niños para empujarlos en una dirección en la que piensen que son «héroes a la espera». (…)

REDES. Eduard Punset. Ver el vídeo.

03/05/2010

¿NOS APROVECHAMOS DEL ANONIMATO?

Filed under: Grupos y Sociedad — Claudio Castilla @ 8:34 pm
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Extracto de la entrevista de EDUARD PUNSET a PHILIP ZIMBARDO, psicólogo de la Univ. de Stanford (EE.UU.).

PUNSET. ¿Por qué crees que el anonimato desempeña un papel tan importante en la conducta sádica?

ZIMBARDO. Es crucial. El anonimato significa: «yo no soy Philip Zimbardo, no soy responsable de mi comportamiento». Me pongo una máscara, una capucha… como los terroristas… si se roba un banco, se esconde la identidad… Pero si lo haces durante suficiente tiempo, pierdes la identidad y te conviertes en la máscara.

REDES. Eduard Punset. Ver el vídeo.

TAREA. Piensa en situaciones de anonimato.

29/04/2010

EL AUTOENGAÑO Y LA AUTOJUSTIFICACIÓN

Filed under: Pensamiento — Claudio Castilla @ 3:00 pm
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CONFERENCIA DE CAROL ANNE TAVRIS, psicóloga social, en “LA CIUDAD DE LAS IDEAS”, 2009.

Mi pregunta peligrosa es ¿por qué las personas no se sienten culpables cuando deberían hacerlo? Cuando se dan cuenta de que han hecho daño a alguien que les importa, ¿por qué no se sienten culpables? Pues bien, el gran psicólogo social LEON FESTINGER ofreció una explicación en la teoría sobre disonancia cognitiva que desarrolló hace más de 50 años. La disonancia es lo que sentimos cuando dos actitudes, o una creencia y una conducta entran en conflicto. Cuando fumas aunque sabes que puede matarte.

Desde la teoría de FESTINGER más de 3000 experimentos de psicología cognitiva y social han confirmado el mecanismo de disonancia cognitiva, he incluso lo han localizado en el cerebro. Los seres humanos están predispuestos a prestar atención a la información que confirma sus creencias y a ignorar y minimizar la información que refuta lo que creen. Nuestras mentes están diseñadas para la consonancia. La disonancia es especialmente dolorosa y especialmente punzante cuando amenaza un elemento importante del concepto que tenemos sobre nosotros mismos, cuando esta información pone en peligro la manera que tenemos de vernos, o cuando cuestiona una creencia política o religiosa que consideramos fundamental.

Por ejemplo, si nos consideramos personas competentes, morales, amables y buenas, y de repente nos llega la información de que hemos hecho algo incompetente, o que tal vez no resulte muy ético, o poco amable. Tenemos dos maneras de reducir la disonancia: podemos decir “gracias, tesoro de mi vida por mostrarme lo incompetente, lo estúpido y cruel que he sido, perdóname, discúlpame inmediatamente”, o bien, le podemos decir a la otra persona donde puede meterse esa información.

La autojustificación no es lo mismo que decirles a los demás que se vayan a tomar viento, más bien es la manera en la que funciona inconscientemente la disonancia y que nos permite mentirnos a nosotros mismos. (…)

REDES. Eduard Punset. Ver el vídeo.

TAREA. Expón situaciones donde tendamos a evitar la disonancia cognitiva, es decir, a utilizar el autoengaño o la autojustificación.

27/04/2010

TEMPERAMENTO + CARÁCTER = PERSONALIDAD

Filed under: Personalidad — Claudio Castilla @ 4:39 pm
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La Psicología se podría definir como la ciencia que intenta entender el comportamiento del ser humano en el mundo.

La Psicología General y experimental estudia la conducta como procesos aislados, mientras que la Psicología de la Personalidad se interesa especialmente en la integración de esos procesos que forman una unidad diferenciada global. (…)

El surgimiento de la Psicología Experimental, que utiliza el método científico, determina que el objeto de conocimiento de la Psicología es la conducta, que es lo único verificable y medible en el hombre. Para los conductistas la personalidad es puro condicionamiento.

La Psicología Individual utiliza conceptos procedentes de la teoría de Darwin, sobre la evolución y la selección natural y en consecuencia sobre las diferencias individuales que caracterizan a los miembros de una misma especie, tomando al hombre concreto y global como primordial objeto de estudio. El interés de este enfoque está puesto en lo que el individuo hace, sus aptitudes, capacidades de realización y de adaptación comparándolo con los demás.

La Psicología de la Personalidad se interesa también en el estudio de las actitudes, las opiniones, y los rasgos de carácter. (…)

El Psicoanálisis trata de entender la personalidad a través de las distintas etapas del desarrollo, teniendo en cuenta la relación entre las experiencias de la primera infancia y los rasgos de carácter de la persona adulta.

La Antropología Cultural puso en evidencia la interacción entre la personalidad y la cultura y demuestra que los rasgos de personalidad de un pueblo determinan las particularidades de su cultura. (…)

Los psicólogos de orientación más biológica en cambio, consideran como “base de la personalidad” a las estructuras de la constitución y del temperamento que subyacen a los rasgos más formales del carácter, por ejemplo, la emotividad o la afectividad.

(…) Una personalidad es una idea de la manera de ser y de funcionar que caracteriza a una persona. (…)

El carácter es el conjunto de rasgos psíquicos individuales, una impronta individual o signo característico que distingue a una persona de otra, o sea su manera habitual y constante de reaccionar. (…)

El temperamento es el componente estable y hereditario de los rasgos, el armazón más o menos fijo. El carácter reúne esos rasgos, combinados con la acción de la experiencia personal y el medio.

La organización total más o menos estable y relativamente idéntica a si misma en el funcionamiento psíquico del individuo de todas las funciones psíquicas de una persona constituye su personalidad.

PSICOLOGÍA EN LA GUÍA 2000. Ampliar esta información.

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